Flujos y reglas
Cuántos procesos distintos existen y cuántas excepciones debe resolver cada uno.
Antes de pedir una cifra hay que definir qué proceso cambia, quién usa el sistema, qué datos toca y con qué herramientas debe hablar. Dos propuestas con el mismo nombre pueden ser proyectos completamente distintos.
La forma más segura de presupuestar es por fases con entregables utilizables.
En desarrollo a medida, una interfaz sencilla puede esconder integraciones, permisos y reglas complejas. A la inversa, una aplicación visualmente grande puede ser técnicamente simple.
Por eso un presupuesto serio separa alcance funcional, integraciones, datos, seguridad, migración, infraestructura y soporte. Comparar solo el precio total casi nunca compara el mismo producto.
Son las preguntas que conviene cerrar antes de comprometer un presupuesto.
Cuántos procesos distintos existen y cuántas excepciones debe resolver cada uno.
Roles, equipos, acceso externo, auditoría y qué puede ver o modificar cada persona.
ERP, CRM, pagos, correo, calendarios u otros sistemas externos con sus propias APIs y límites.
Importar históricos, limpiar datos o convivir durante un tiempo con sistemas antiguos.
Autenticación, trazabilidad, copias, datos sensibles y requisitos regulatorios.
Hosting, monitorización, soporte, cambios y evolución después de publicar.
Solo un rango muy poco útil. Para dar un precio responsable necesitamos conocer flujos, usuarios, integraciones y qué debe entregar la primera fase.
Casi siempre al principio. Si una herramienta estándar resuelve bien el problema, suele ser la mejor opción. A medida tiene sentido cuando crea una ventaja o elimina un coste operativo relevante.
Sí, y es la forma que preferimos. La primera fase debe resolver un flujo completo y ser utilizable por el negocio.
Infraestructura, mantenimiento, soporte y futuras mejoras. Deben aparecer en la propuesta antes de empezar.
Con un flujo real podemos darte una primera estimación con mucho más sentido que un precio por pantalla.